Hay caídas de cabello que se corrigen solas cuando se retira lo que las produjo y otras que avanzan mientras la persona prueba productos. Abajo están las causas agrupadas por ese criterio, las señales que permiten reconocer cada grupo frente al espejo y los exámenes con los que se confirma cuál está actuando. La mayoría de la información disponible describe el patrón masculino, así que aquí se nombran también las señales con las que se manifiesta en mujeres.
Cada pelo nace de un folículo piloso, una estructura de la piel que trabaja por ciclos y no de forma continua. El ciclo del cabello tiene una etapa larga de crecimiento que dura años, una etapa corta de transición de unas semanas y una fase telógena o de reposo, al final de la cual el pelo se desprende y el folículo arranca de nuevo con un tallo nuevo.
En un cuero cabelludo sano una parte del cabello está siempre en reposo. Por eso caen pelos todos los días al peinarse, al lavarse y sobre la almohada, sin que la densidad cambie: cada pelo que se desprende ya tiene su reemplazo empezando a crecer debajo. Existe un rango diario que se considera dentro de lo esperable y se explica cómo estimarlo en la página sobre cuántos cabellos se caen al día.
Caída y pérdida de densidad no son lo mismo, y confundirlas es lo que hace perder meses. La caída es el pelo que ve en el cepillo o en el desagüe. La pérdida de densidad es el pelo que no vuelve a salir, o que vuelve más fino, más corto y más claro que el que se cayó.
Se puede tener una caída llamativa con la densidad intacta, porque todo lo que se desprende se repone. Y se puede tener una densidad que baja año tras año casi sin caída visible, porque el recambio se hace con pelos cada vez más delgados. Lo que cambia el pronóstico es si lo que cae se está reponiendo con el mismo grosor. Esa es la pregunta que ordena todo lo que sigue.
Hay dos patrones y se reconocen por cosas distintas. El primero es una caída difusa y súbita: se pierde pelo de todo el cuero cabelludo por igual, aparece semanas después de un desencadenante y en la mayoría de los casos revierte cuando ese desencadenante se corrige. Es el cuadro que se conoce como efluvio telógeno. El segundo es lento y localizado: el pelo casi no se cae en manojos, pero cada ciclo nace más fino y más corto hasta que deja de salir. Ese proceso se llama miniaturización folicular y es el mecanismo de la alopecia androgenética.
La miniaturización es progresiva porque el folículo no muere de golpe: se acorta su etapa de crecimiento en cada ciclo, y con menos tiempo para crecer el tallo sale más delgado, con menos pigmento y más corto. Al cabo de años lo que queda es un vello casi invisible.
Cae pelo de toda la cabeza, no de una zona. Empezó de forma más o menos abrupta y puede ubicar aproximadamente el mes. Los pelos que caen tienen grosor normal y un pequeño bulbo blanco en la raíz. Hubo algo antes: un parto, una cirugía, una dieta, una fiebre alta, un cambio de medicamento, un periodo de estrés fuerte.
Aquí no hay un mes de inicio. Las señales son de comparación: la coleta que ya no rinde y da menos vueltas con la misma liga, la partidura que se ensancha sobre todo en la parte de adelante, el cuero cabelludo que se transparenta bajo la luz cenital del baño, las entradas que retroceden. Busque fotografías suyas de hace 2 o 3 años con luz parecida y compare la raya. Es la referencia más fiable que tiene en casa.
Los dos patrones pueden coexistir, y ocurre con frecuencia. Una caída aparatosa tras un posparto puede estar destapando una pérdida de fondo que llevaba años avanzando en silencio, y cuando el efluvio se resuelve la densidad no vuelve al punto anterior.
En este grupo el folículo no se ha perdido: se ha sincronizado en reposo. Muchos folículos entran a la vez en fase telógena por un mismo suceso y semanas después se desprenden juntos, lo que produce una caída llamativa pero recuperable.
Déficit de hierro. Las reservas bajas de hierro son una de las causas más frecuentes en mujeres, sobre todo con sangrados menstruales abundantes o dietas bajas en proteína animal. Se detalla en la página sobre hierro bajo y caída del cabello.
Alteraciones de la tiroides. Tanto el hipotiroidismo como la función tiroidea aumentada alteran el ciclo del cabello y suelen acompañarse de cansancio, cambios de peso o alteraciones menstruales. Se desarrollan en alteraciones de la tiroides.
Cambios hormonales del posparto. Durante el embarazo se prolonga la fase de crecimiento y tras el parto muchos folículos pasan a reposo al tiempo. La caída aparece hacia el segundo o tercer mes y suele reponerse a lo largo del año siguiente.
Dietas restrictivas y pérdida rápida de peso. Los déficits de proteína, hierro y zinc afectan el crecimiento del tallo.
Fiebre alta, cirugías y hospitalizaciones. Cualquier suceso que exija mucho al organismo puede sincronizar folículos en reposo.
Medicamentos. Anticoagulantes, retinoides, anticonvulsivantes y algunos antihipertensivos pueden producir caída difusa. Ningún medicamento se suspende ni se cambia por cuenta propia: eso lo decide quien lo formuló.
Estrés sostenido. Se trata en estrés sostenido y caída del cabello.
El desencadenante actúa antes de que la caída se note. El folículo entra en reposo el día del suceso, pero el pelo tarda entre 2 y 3 meses en desprenderse. Por eso, cuando busque la causa, no mire lo que pasó la semana pasada sino lo que pasó hace un trimestre. La recuperación sigue la misma lógica: una vez corregida la causa, el pelo nuevo tarda meses en hacerse visible y más aún en alcanzar longitud.
Aquí el tiempo juega en contra: sin intervención, la pérdida continúa.
Alopecia androgenética. Es la causa más frecuente de pérdida progresiva. Hay una predisposición heredada de ambas ramas familiares que vuelve al folículo sensible a la dihidrotestosterona, una hormona derivada de la testosterona que acorta la etapa de crecimiento del pelo en las zonas sensibles. En hombres empieza por las entradas y la coronilla. En mujeres se ve como un ensanchamiento de la partidura, con la línea del frente casi siempre conservada, y por eso se confunde durante años con pelo fino o con falta de volumen. Los patrones y grados con que se clasifica se explican en tipos de calvicie.
Alopecia por tracción. La producen los peinados tensos mantenidos: colas muy apretadas, trenzas, extensiones, moños de raíz tirante. Se manifiesta en el borde del cuero cabelludo, sobre todo en sienes y línea frontal. Se desarrolla en alopecia por tracción.
Alopecia cicatricial. Un grupo de cuadros en los que el folículo es destruido y sustituido por tejido fibroso. Lo que se pierde ahí no se recupera con ningún tratamiento, porque ya no queda folículo. Señales de alerta: enrojecimiento, descamación, ardor o picor persistente, y sobre todo un cuero cabelludo que se ve liso y brillante porque desaparecieron los orificios de salida del pelo.
Mientras la tensión solo inflama el folículo, el pelo vuelve a salir al retirar el peinado que lo tira. El punto de no retorno es la fibrosis: cuando el folículo se sustituye por tejido cicatricial, la zona queda despoblada de forma definitiva. En la práctica, un borde que lleva años retrocediendo y que ya se ve liso, sin los puntitos de salida, indica que esa parte pasó al grupo cicatricial.
Hay causas menos frecuentes que conviene reconocer porque su manejo es distinto y ninguna se resuelve con cosmética.
Alopecia areata. Placas redondeadas de bordes netos, de aparición rápida, con la piel de aspecto normal por dentro de la placa. Es de origen autoinmune: el sistema inmune ataca al folículo, que queda inactivo pero no destruido. Puede repoblar de forma espontánea y también recaer. A veces afecta cejas o barba.
Tiña del cuero cabelludo. Infección por hongos con descamación, placas donde los pelos se ven rotos a ras, picor y a veces zonas inflamadas. Es más frecuente en niños y se contagia por contacto y por objetos compartidos. Requiere tratamiento médico específico.
Tricotilomanía. Pérdida por manipulación repetida del propio pelo. La señal característica son pelos rotos a distintas alturas dentro de una misma zona, con bordes irregulares.
Caída del cabello por quimioterapia. Afecta al pelo que está en crecimiento activo, por eso es rápida y extensa, y aparece a las pocas semanas de iniciar el tratamiento. Suele repoblar al terminarlo, a veces con cambios de textura o de color.
Lupus cutáneo y liquen plano pilar. Ejemplos de enfermedad sistémica o inflamatoria que dejan cicatriz en el cuero cabelludo y en los que la pérdida es definitiva en las áreas afectadas.
Placas de pérdida bien delimitadas, dolor, ardor, pus, costras, descamación intensa, enrojecimiento persistente, zonas donde el cuero cabelludo se ve liso y brillante, y caída de cejas o pestañas. Cualquiera de estas señales cambia el orden de las cosas: primero se estudia y se trata la enfermedad activa, después se habla de densidad.
Lo que separa un diagnóstico de una suposición es observar el tallo del pelo con aumento y descartar por laboratorio las causas tratables. Un mismo aspecto exterior puede corresponder a cuadros con pronósticos opuestos.
La historia clínica orienta buena parte: cuándo empezó, con qué coincidió, antecedentes familiares por ambas ramas, medicamentos actuales, embarazos, ciclos menstruales, dietas y peso.
La tricoscopia es la observación del cuero cabelludo con un dispositivo de aumento. Muestra datos que a simple vista no se ven: la variabilidad del grosor de los tallos dentro de una misma zona, que es el signo característico de la miniaturización folicular; pelos en miniatura junto a pelos gruesos; orificios vacíos; descamación alrededor del tallo. El dato decisivo es si los orificios de salida del pelo están presentes o desaparecieron, porque eso separa una alopecia sin cicatriz, donde el folículo sigue existiendo, de una alopecia con cicatriz, donde ya no.
La ferritina mide las reservas de hierro del organismo y es más informativa que la hemoglobina para este fin, porque las reservas se agotan antes de que aparezca anemia. Las hormonas tiroideas descartan hipotiroidismo y función tiroidea aumentada. El hemograma valora anemia y otros hallazgos generales. En mujeres con signos asociados, como acné persistente, aumento de vello facial o ciclos irregulares, se añade un estudio hormonal. Qué examen corresponde en cada caso se define en la consulta, no por lista general.
La biopsia de cuero cabelludo se indica cuando hay sospecha de alopecia cicatricial o cuando los hallazgos no encajan con ningún cuadro claro: inflamación persistente, pérdida de orificios de salida, evolución atípica. Se toma una muestra pequeña bajo anestesia local y define si el folículo todavía existe.
El orden importa. Tratar antes de identificar la causa consume meses, y en una pérdida progresiva esos meses no son neutros: el folículo sensible sigue miniaturizándose mientras tanto.
Consulte si la caída persiste más de 3 meses, si la línea frontal retrocede, si la partidura se ensancha o la coleta perdió grosor de forma sostenida, si aparecen placas o síntomas en el cuero cabelludo, o si la caída viene con fatiga, cambios de peso o alteraciones menstruales.
El folículo miniaturizado responde a tratamiento médico mientras conserva actividad. Cuando la involución se completa, ese pelo ya no se recupera con fármacos y la única forma de reponer cabello en esa zona es redistribuir el que hay. Por eso el momento de la consulta determina cuánto se conserva. Las opciones para frenar la pérdida progresiva se explican en tratamiento para la caída del cabello.
La zona donante es la franja posterior y lateral del cuero cabelludo, cuyos folículos no son sensibles a la dihidrotestosterona y por eso mantienen su comportamiento aunque se trasplanten. Esa reserva es la que hay: no crece, no se regenera y no aumenta con ningún producto. Todo folículo que se toma de allí deja de estar disponible para el futuro. De ahí que conservar mediante tratamiento médico lo que todavía está vivo tenga consecuencias directas sobre cuánto se puede redistribuir después.
No procede operar a quien tiene una caída activa sin causa identificada, porque se estaría trasplantando sobre un terreno que sigue cambiando. Tampoco a quien está cursando un efluvio, ya que gran parte de ese pelo va a volver por sí solo y la densidad real no se puede medir hasta que el cuadro se resuelva. Tampoco a quien tiene una alopecia inflamatoria o cicatricial no controlada, porque el mismo proceso puede afectar al pelo injertado. Y tampoco a quien aún no tiene una alopecia estabilizada, es decir, cuya pérdida sigue progresando de forma evidente: en ese caso primero va tratamiento médico y seguimiento, y la cirugía se evalúa más adelante. La cirujana diagnostica, opera y hace el seguimiento posterior, y por eso puede decirle que hoy lo indicado es esperar.
La caída del cabello agrupa cuadros distintos: algunos se resuelven cuando se corrige lo que los provocó y otros siguen avanzando en silencio durante años. Lo que distingue uno de otro es el grosor de los tallos en el cuero cabelludo y el descarte por exámenes de las causas tratables, no la cantidad de pelo en el cepillo. De ese diagnóstico depende si lo indicado es tratamiento médico, seguimiento o, cuando la pérdida ya está estabilizada y hay zona donante suficiente, un implante capilar.
Si la caída lleva más de 3 meses o nota que la partidura se ensancha, agende una valoración capilar en Bogotá para identificar la causa antes de empezar cualquier tratamiento.